Siguenos en:

Este sitio usa cookies y tecnologías similares para mejorar su experiencia de navegación.

Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso. Ver política de cookies

Acepto

¿Somos los abogados realmente honestos con nuestros clientes?

La honestidad en los abogados

Es evidente que tratándose de un blog en una web de un despacho de abogados, debo abordar este asunto precisamente desde la perspectiva de nuestro gremio, siendo que la presente cuestión podría abarcar a cualquier prestación de servicios profesionales.

Pero yendo a lo que nos ocupa y no sin asumir la parte de culpa que me podía tocar a mí en primera persona como miembro del referido colectivo de abogados, debo cuestionarme nuestra honestidad a la hora de asesorar y aconsejar a nuestros clientes.

¿Debemos realmente embarcar a nuestros clientes en reclamaciones quiméricas e irreales por el mero hecho de cobrar una minuta? La respuesta desde un punto de vista teórico es clara, NO.

Sin embargo en la práctica, muchos profesionales no son capaces de “abrir los ojos” a aquél que llega a solicitar asesoramiento jurídico en el pleno convencimiento de que su reclamación debe tener acogida, convencimiento evidentemente subjetivo y carente de análisis técnico previo.

Cuántas veces hemos oído esa frase "a mí vecino le pasó lo mismo y le han dado diez mil euros”. Pues bien, es ahí donde entra en juego la honestidad de un buen profesional. Aún a costa de perder el cliente y una más o menos “jugosa” minuta, nuestra honestidad radicaría en ser capaces de decirle a ese cliente o potencial cliente que su reclamación se vería en todo caso avocada al fracaso debiendo asumir no sólo el coste de nuestros servicios sino el de los gastos ocasionados a la parte contraria, las costas.

En idéntico sentido debemos pronunciarnos en cuanto al hecho de asumir la defensa o el asesoramiento jurídico en materias sobre las que no tenemos experiencia ni una preparación técnica suficiente. En este caso es palmaria la negligencia de un profesional que asume dicho encargo sin capacitación suficiente con el riesgo que ello conlleva, en primer y más importante lugar para el cliente y en segundo lugar para nosotros mismos.

Podríamos continuar hablando acerca de supuestos en los que muchas veces anteponemos nuestros intereses económicos a aquellos intereses de los que debemos ser garantes, pero creo que los ejemplos expuestos son suficientes como para que podamos analizar cuál es y cuál debe ser nuestra conducta a la hora de abordar desde nuestra posición las inquietudes de quien acude a nosotros en busca de una respuesta experta a sus problemas.

No es la intención del presente blog juzgar ni concluir si somos o no un colectivo honesto, mi opinión es que sí lo somos, simplemente lanzo la pregunta.